El Lector

English actress Kate Winslet.

Image via Wikipedia

No, esto no es sobre la película con Kate Winslet.

De algo me he dado cuenta desde que abrí mi cuenta en Facebook allá por septiembre de 2007 (recuerdo bien la fecha porque fue al día siguiente de mi cumpleaños, lo hice para subir las fotos… claro que la noche anterior un par de amigos me hablaban de Facebook y unos vampiros, y yo no cachaba nada… en fin, ese ya es otro tema, suelo irme por la tangente): su público no es muy buen lector. Digo, por lo menos el que podría haberse considerado mi público, vale decir, compañeros de la universidad -en su mayoría publicistas-, compañeros de colegio -en su mayoría ingenieros- y mi familia -lectores incondicionales cuyos comentarios o likes a veces te desagradan porque crees que ahuyentan al resto… a nadie le gusta comentar lo que dijo tu madre, ¿no?-.

El tema es que, después de haber tenido un montón de textos listos cuyo único lector era yo, me decidí a compartirlos con el mundo, tal vez a alguien le interesarían o le gustarían. En un comienzo tuve un blog en Blogger, en ese infame tiempo en que era cool tener un Fotolog y usar dos cinturones, uno normal y otro con tachas afirmado de un sólo lado y que cayera por la cadera en el otro extremo. Del terror. Vaya que es cierto eso de “tu pasado te condena”. Allí escribía y publicaba alguna que otra cosa, fotos, textos, cosas sobre mí, lo que fuera. En esa época -no sé si lo tiene ahora- no existía el contador de visitas -como sí lo tiene WordPress-, por lo que no supe nunca cuánta gente lo visitaba o si es que alguien lo hacía. No obstante, la cantidad de comentarios era mínima. Cero feedback. Pero de pronto, un algunos compañeros de carrera comenzaron a decirme que habían leído mi blog, que qué choro todo, qué se yo… Fue muy raro, de cierta forma me sentí algo expuesto luego de ello. Y es una paradoja, porque, inconscientemente, tal vez era ello lo que buscaba. Al fin y al cabo, cuando un artista crea algo y lo exhibe, ¿no es eso lo que termina haciendo?

Y después vino Facebook, lugar en que todos exhiben todo. Perfecto, no me sentiría tan expuesto como antes, pues… ¡todos estaban expuestos! Y comencé a publicar ahí, algunos de mis textos o simplemente cualquier tontera que se me ocurriera con la aplicación de Notes. Y creo que fue peor. No sólo la lectura -o por lo menos los comentarios- eran mínimos de nuevo, esta vez eran de mi madre, mi hermana, familia, profesores del colegio o de esa índole. Y peor aún: comencé a autocensurarme. Porque hay cosas que son tan privadas que a veces el que lo lean extraños, gente que no conoces o que no te conoce, te da lo mismo, pero que lo lea gente que te ubica… ¡jamás! Hay veces que ciertas cosas salen sólo cuando las escribes de otra forma… y otras en que aludes a gente conocida indirectamente, y lo peor es hacerse mala sangre con gente a la que ves a diario, por mucho que te revienten.

Y pensé: OK, tengo que hacer algo para alejar esto, alejar la autocensura y no quedarme sólo con los comentarios de mi madre y familia o de esa única profe del colegio con la que tenía una buena relación. Y me terminé de dar cuenta que la mayoría de mi público en Facebook no leía. Y de hecho, ni siquiera eran mi público. Es algo que es triste, pero el nivel cultural de los publicistas suele no ser el mejor -no en todos, pero sí en la mayoría-. No sé qué esperaba. El de mis compañeros de colegio andaba por ahí. O tal vez soy sólo un latero, ¿quién sabe? Lo concreto es que me di cuenta que con ello sólo me circunscribía a un total de 200 y tantas personas -no soy muy popular que digamos-, dejando a un potencial de gente infinito afuera. Y me decidí: no más en Facebook.

Y abrí este blog. Gracias a la interfaz de WordPress, puedo ver la cantidad de visitas, qué miraron, buscando qué cosa llegaron, dónde hicieron click y desde dónde hicieron click para llegar. Es toda una experiencia, la verdad. Lástima que la mayoría de las visitas no las generen las entradas que fueron la razón original para abrirlo -vale decir, los poemas y otros textos-, sino que un post sobre Charlotte Gainsbourg (lo que no me incomoda, sólo que una de las fotografías que lo acompaña sale dentro de los primeros lugares en la búsqueda de imágenes de Google, el artículo en sí sólo ha sido comentado por mi amiga Fran), gente buscando el soundtrack de la película chilena La Vida de los Peces (de la que hice un mini review luego de ir dos veces a avant premières y que aunque cuenta con un número razonable de respuestas -dos personas comentando la película conmigo-, suele defraudar a quienes buscan descargar la banda sonora, puesto que sólo cuenta con un link a la web oficial en donde se puede escuchar gratis… ¡y mucha gente suele no verlo!), y… un infame post sobre mi admiración a la Tigresa del Oriente. Terror.

Un par de personas me han comentado en algunos textos. Está bien. Pero lo que me inquieta es que las visitas son súper bajas. Es más, cuando gente entra a mi página web, los clicks suelen irse hacia mi galería fotográfica en Flickr (ni siquiera a la de acuarelas), y muy pocos se dirigen hacia acá. Algunos se van al home, un par hacia la página de about… pero a la dedicada a la literatura, muy pocos. Entonces, me pregunto: ¿es la gente la que prefiere los estímulos visuales en lugar de leer o es que tan sólo soy un latero que escribe mal? Debo reconocer, eso sí, que tampoco hago mucha promoción ni posteo en graaaan cantidad de lugares buscando generar tráfico, y es obvio que nadie de la nada estará buscando lo que yo hago… pero de igual forma es inquietante. Perturbador. Hasta desesperanzador.

En estos momentos me encuentro terminando el que espero sea mi primer libro. Pero hasta en eso creo que fui idiota: escribí un poemario en inglés, estando en un país poco dado a la poesía y que con suerte entiende lo que lee en castellano. Pero seguiré adelante, tal vez haya alguien a quien le interese. Si no, no está de más el haberlo intentado, ¿no? Menudo berenjenal en que me he metido.

 

 

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2 thoughts on “El Lector

  1. Fran says:

    1ero. Mención para moi!!

    2do. Cuando estaba en la escuela de Periodismo tuve que hacer un paper sobre la página web Paniko, la ubicas? Tuve que entrevistar al director, editor y periodistas y mientras hacía trabajo investigativo i.e: revisar la página, se me acerco una profesora para ver lo que yo hacía y juntas seguimos mirando. Las dos coincidimos en que si bien la web abarcaba temas bien interesantes para el segmento joven universitario-adulto joven, los textos eran largas sábanas de información, con cero estímulo visual. Alguna vez leí que los humanos preferimos las imágenes a los textos y personalmente he comprobado que es cierto. Cuando tomo una revista tipo Paula y veo los spreads de moda, me quedo pegada en la fotografía, la modelo, la ropa que usa, como la peinaron y maquillaron, etc, y dejo para último leer la descripción de la tenida. Quisiera pensar que es porque me gusta tanto la fotografía, sobre todo la de moda, que me concentro en esa parte, pero de repente, revisando los reportajes de la misma revista (muy interesantes, dicho sea de paso), me encuentro mirando las imágenes de apoyo, leyendo primero los pie de foto y luego leyendo el reportaje. Mi punto es que quizas algunas de tus entradas, las de poesías especialmente, deberían ir acompañadas de alguna imágen de apoyo, que la pueda enlazar con el tema del texto, algo que tu, con tus propios recursos, puedas crear, no te parece?

    • Nicolás says:

      1. Pero si no es primera vez que te menciono! jaja Mira la primera parte de “El Avión”: https://aliqsir.wordpress.com/2011/01/28/el-avion/

      2. Sí, de hecho, como publicista debiera tener eso más que claro, pero mi tendencia como persona es el creer que todo el mundo es tan latero como yo y no necesita de imágenes que capten más su atención para poder concentrarse en un texto. Y, más allá de eso, por consideraciones estéticas no me ha gustado jamás usar ese recurso: de hecho, cuando he visto citas en Wikiquote con imágenes acompañándolas y las encuentro atroces! Aunque, bueno, no todos tienen por qué tener sentido de la estética en Wikipedia… pero siento que las imágenes distraen de la intención del texto.

      Es más, recuerdo que una amiga le puso “like” a un texto que publiqué una vez en Facebook, lo que encontré raro porque éste era en inglés y ella no sabía hablar el idioma -solía molestarla a veces por ello-. Le pregunté si había tomado clases o cómo lo había hecho para entenderlo. Me dijo que le había gustado la imagen, porque no lo había leído en verdad.

      En fin, son tantos factores que pueden influir en esto. Pero me gustó escribir esto hoy, hace mucho que no liberaba mi neurosis a través del teclado. Y ahora que lo pienso, curioso es que el libro que estoy escribiendo es a su vez semi fotográfico y semi de diseño…

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